A fines del año 1982 Javier Bustamante, nuestro fundador, volvió de los Estados Unidos al Perú con la intención de compartir con diversos líderes de nuestra comunidad católica la visión de hombres y mujeres llenos del amor de Dios para con los privados de libertad.
El 6 de junio de 1983, un grupo de laicos comprometidos decidió luego de un período prolongado de oración y reflexión, constituir una asociación civil sin fines de lucro, dedicada a actividades religiosas, sociales y de caridad cristiana, a la cual denominaron Fraternidad Carcelaria del Perú (FCP), la cual se creó bajo los lineamientos de Confraternidad Carcelaria Internacional (Prison Fellowship International). Nuestro primer presidente fue Bruno Orlandini Toscani, quien lideró, animó, entrenó y movilizó a los voluntarios con amor y entusiasmo hacia los establecimientos penitenciarios de Lima y Callao.
Prison Fellowship International, es una organización internacional de voluntariado que había sido fundada pocos años antes en los Estados Unidos por Charles Colson, quien fuera un alto consejero del presidente Richard Nixon y que luego estuvo un tiempo en prisión por haber participado en el espionaje a las oficinas del partido demócrata, lo cual fue conocido como el “escándalo Watergate”.
Charles Colson estaba convencido que solo el mensaje de fe de Jesucristo podía cambiar el corazón de los presos y transformarlos en personas apartadas del crimen, lo cual era un desafío para que la iglesia movilizase muchos voluntarios hacia las prisiones en todo el mundo. En uno de sus escritos iniciales Colson dijo lo siguiente: “Todos los expertos concuerdan en que las prisiones no rehabilitan, las prisiones solamente recirculan a los criminales de la sociedad, muchas veces egresándolos aún más violentos de lo que eran cuando ingresaron a la prisión. Nosotros creemos que el poder de Jesucristo para cambiar las vidas es la mejor esperanza dentro de las prisiones, creemos esto por la fe y lo sabemos por la experiencia; en vez de salir de la prisión amargados y desafiantes a plagar la sociedad, aquellos que realmente han aceptado a Cristo y se han vuelto parte de una comunidad cristiana bondadosa y preocupada, egresan como ciudadanos respetuosos de las leyes. esta es la forma de atacar en sus raíces el problema del crimen”.
Fraternidad Carcelaria del Perú es desde su fundación miembro de Confraternidad Carcelaria Internacional – CCI o Prison Fellowship International – PFI.
La CCI es un movimiento de alcance mundial con presencia en 118 países, donde más de 50,000 voluntarios trabajan para el bienestar espiritual, moral, social y físico de los internos; los ex internos, sus familiares y las victimas del crimen.
La membresía en esta alianza global, le permite a FCP tener un “Estatus Consultivo Especial” con el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, y participar activamente en la Alianza de ONG’s de Naciones Unidas para la Prevención del Crimen y la Justicia Criminal.
Se estima que hay 12,1 millones de internos recluidos en todo el mundo en 19.000 establecimientos penitenciarios.
“Estamos convencidos de que las personas con amor pueden cambiar y empezar de nuevo, y esta vez hacerlo bien.”
“En Fraternidad Carcelaria del Perú, somos testigos todos los días hace 40 años, de los milagros que ocurren en las prisiones con casos humanos que parecían perdidos y que sin embargo han sido encontrados, transformados y reintegrados."
"Cuando ingreso a un penal no veo el delito, veo el alma de las personas, voy a hablar de corazón a corazón."
“Ayudamos a los internos a mejorar sus vidas, con alegría y amor."
“Servir en cárceles a los privados de libertad significó para mi responder a un llamado muy claro y especifico de Dios para convertirme en Su herramienta. "Ahí te quiero" Es un privilegio que agradeceré toda mi vida."
“Nuestros corazones vibran cuando estamos cerca de personas que necesitan un consejo, una palabra, una oración."
“Doy Gracias a Dios por haber guiado mi vida para encontrar el camino correcto de servicio, ayuda, colaboración y brindar apoyo a mi prójimo privado de su libertad. Mi deseo es poder brindarles una segunda oportunidad que Dios nos ofrece siempre a través de un servicio responsable, consciente, sobre todo cargado de amor, impulsada con el propósito ferviente de servir siempre a quien más lo necesita."
“Ser voluntaria forma parte del servicio, del amor y entrega hacia el prójimo, del más necesitado, brindando apoyo espiritual, emocional, atendiéndolos y acompañándolos en la enfermedad."
Con su ayuda, podemos llevar esperanza, alegría y el gran amor que Dios tiene por los privados de libertad y su poder para restaurar vidas quebrantadas.
Horario: Lunes a Viernes de 9:00 am – 3:00 pm